Débora llegó a la Sala de Padres de Casa Ronald dentro del Hospital Garrahan dos semanas después del nacimiento de su hijo Jairo, quien había nacido prematuro, con 32 semanas de gestación y sin un diagnóstico definido. Con el tiempo, los estudios confirmaron una miastenia congénita que afectaba a varios órganos de su cuerpo, dando inicio a un proceso de internaciones e intervenciones en el que ella estuvo siempre a su lado.
Durante esos meses, Débora fue encontrando en la Sala un espacio para sostenerse en medio de la incertidumbre. Entre idas y vueltas a terapia, pudo descansar, comer y compartir con otras mamás que atravesaban situaciones similares. Recuerda especialmente a quienes la recibieron desde el primer día y los talleres de costura, donde aprendió a hacerle ropa a Jairo y creó pequeños objetos que hoy lo acompañan.
Jairo continúa mejorando y su último paso por la Sala fue más breve. Débora transita este presente con alegría y agradecimiento, valorando el acompañamiento recibido en cada etapa. Porque en ese camino, la Sala fue mucho más que un lugar de paso: fue el espacio donde encontró contención, compañía y fuerzas para seguir estando cerca de su hijo.