Bianca y su familia

“Todo esto nos ayuda a poder estar cerca de nuestra hija y seguir correctamente su tratamiento. Es una gran experiencia en un lugar que desconocíamos y que hoy nos acompaña y cumple un rol tan importante que es difícil de cuantificar y describir por todo lo que implica para nuestra familia”.

Cuando la familia Rodríguez llegó desde General Alvear, Mendoza, su vida estaba atravesada por una noticia difícil: su hija Bianca, de 10 años, debía recibir un tratamiento médico complejo. Para sus padres, Ema y Víctor, el desafío no era solo acompañar a su hija durante el tratamiento, sino también encontrar la manera de mantenerse cerca de ella mientras enfrentaban una situación completamente nueva. 

El 23 de abril de 2026 ingresaron a la Casa Ronald McDonald de Mendoza. En ese momento, Bianca permanecía internada y, mientras tanto, sus papás vivían en la Casa a la espera de la autorización médica para que ella pudiera vivir allí con ellos. 

Desde que llegaron, la Casa Ronald McDonald se convirtió en mucho más que un lugar donde quedarse. Para Ema y Víctor, fue un espacio que les permitió permanecer cerca de su hija y acompañarla durante cada etapa del tratamiento. 

“Nuestra experiencia en la Casa es hermosa”, cuentan. “No solo por el alojamiento, que es un servicio inimaginable para quienes vivimos lejos del hospital, sino también por la contención emocional y la dedicación de quienes trabajan aquí”. 

En medio de la incertidumbre que suele acompañar a un tratamiento, encontraron un entorno que les brindó tranquilidad, apoyo y la posibilidad de enfocarse en lo más importante: estar presentes para Bianca. 

“Todo esto nos ayuda a poder estar cerca de nuestra hija y seguir correctamente su tratamiento. Es una gran experiencia en un lugar que desconocíamos y que hoy nos acompaña y cumple un rol tan importante que es difícil de cuantificar y describir por todo lo que implica para nuestra familia”. 

Con gratitud, reconocen que el impacto de la Casa va mucho más allá de un techo. Es la posibilidad de sentirse acompañados cuando todo parece cuesta arriba, de encontrar comprensión en quienes atraviesan situaciones similares y de contar con una red de apoyo que hace más llevadero el camino. 

“Realmente, muchas gracias”, concluyen. 

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