Jesica Rodríguez llegó desde Río Cuarto junto a su hijo Francisco, de 5 años, a Casa Ronald McDonald de Córdoba. Al llegar a una nueva ciudad para afrontar un tratamiento médico, las preocupaciones suelen multiplicarse. Para Jesica, contar con un espacio donde cocinar, guardar alimentos, ducharse y descansar significó un alivio enorme. “Hay muchos gastos cuando uno tiene que trasladarse por cuestiones de salud, y la Casa te da la oportunidad de estar sin esa preocupación. Además, la gente es impecable”, cuenta.
Más allá del apoyo económico, destaca especialmente el cuidado que reciben las familias y los pacientes. La higiene, la seguridad y la contención que encuentran en la Casa son fundamentales para quienes, como Francisco, necesitan cuidados especiales. “Mi hijo es inmunodeprimido, y estar en un lugar con este nivel de higiene es realmente muy importante. Eso nos da mucha tranquilidad para continuar con el tratamiento”.
Sin embargo, lo que más valora Jesica es el acompañamiento emocional que recibió en uno de los momentos más difíciles de su vida. “Yo sufrí mucho, hasta que acá encontré una familia”, asegura. “Entre padres nos levantamos cuando sentimos que no damos más. Siempre tuve un abrazo, una palabra de apoyo. En la Casa nos acompañamos unos a otros”.
Jesica suele explicarle a Francisco lo que vive a través de cuentos. Por eso imagina que, cuando sea grande, le contará esta etapa como una historia en la que él fue el protagonista. Un niño que, después de enfermarse, encontró a la familia de Casa Ronald McDonald, que les abrió las puertas de su hogar y los hizo sentir parte de algo más grande. Un lugar lleno de juegos, abrazos, amigos y contención, donde pudo compartir momentos con otros chicos, disfrutar de una gran sala de juegos y de un patio maravilloso.
“En ese cuento, Francisco se hace fuerte como un superhéroe”, dice Jesica. “Y la familia de Casa Ronald McDonald aparece para acompañarlo en el camino y darle fuerzas para seguir adelante”.